Cata (Catarina)

El último día

El último día que te vi, a finales de mayo, vestías de rojo; todo de rojo: tus pantalones, tu buzo, tu bufanda. Ese día te vi al entrar, directo a los ojos. “Buenos días”, dije para todos, pero en realidad te hablaba a ti.

No me pude despedir. Cuando tuve la oportunidad, lo dejé pasar; cuando pedí otra oportunidad, cuando logré verte un instante, no nos dejaron hablar: nos rompieron la intimidad.

Esperé al día siguiente para verte, pero no fuiste. Escuché tu nombre, hablaron de ti, que te ibas; fingí que no me interesaba, pero la verdad es que, si hubiera sido más débil o más valiente, hubiera preguntado por ti.

Eso fue todo. Va un mes y no te he vuelto a ver, ni te veré. Te busco, pero no te encuentro; te imagino, pero sigues sin volverte real.

Ese último día, cuando entré y te vi, todo de rojo, ibas cargando algo, algo pesado. ¿Qué era? ¿Una silla? ¿Un balde? No lo recuerdo. También intento recordar lo último que me dijiste, pero no lo recuerdo…